La vida nocturna en Oaxaca, hace algunos años

Por: Arcelia Yañiz(+)


En la última calle de Allende, entre Porfirio Díaz y crespo, ubicamos la casa que el vulgo llamó non santa, que regenteaba doña Elena, “La Culebra”.
Siendo niña, conocí una historia contada por una tía, relacionada con el lugar. Ella la llamaba la casa de las muchachas, yo la visualicé como una casa de huéspedes. Pasaron los años, y descubrí que estaba muy lejos de ese título, y que sin querer yo guardaba una información muy superficial, pero que verídica de lo que era esa casa.
La tía de marras era una persona que acababa de quedar viuda, con tres hijos varones y una joven, y entonces la mujer, lo que la mujer sabía hacer era cocer, guisar, administrar el hogar, pintar y tocar el piano pues eran de posición elevada. Ella fue a dar ahí por su viudez, y como lo que hacía excelentemente era guisar, la contrataron de cocinera.
Todos los familiares y las amistades en su entorno, le retiraron su afecto, es decir, la satanizaron. Sólo una, su madrina, comprendió que su situación había sido apremiante, y por lo mismo aceptó el trabajo, ella era su madrina de bautizo, que al mismo tiempo era mi tía Lupita.
Tuve la oportunidad de que yo vivía, como al quedar huérfana, con esa tía, y sin querer queriendo, escuchaba sus confidencias. Un poco intrincadas para mis pocos años, pero las que con el tiempo fui aclarando, por ejemplo, ella se preguntaba en voz alta: “¿por qué les dirán mujeres malas, si son buenas?, y sufren, siempre están endrogadas, les deben a los que les fían la ropa que se ponen, la ropa y sus chales, les deben a los de las joyerías, en una palabra, le deben a todo el mundo, y parecen salir nunca de sus deudas”. Éstos eran los razonamientos de la informante, que por lo menos dos veces por semana llegaba a la casa a merendar, a fumarse un cigarrito y a platicar de 2las poblanas”, porque así se llamaban a ese tipo de personas, por la sencilla razón de que venían de Puebla, pero no todas habían nacido ahí, por lo que me di cuenta que desde tiempo inmemorial, hay lo que se llaman “redes” de trata de blancas.
Platicaba la tía de que muchas no sabían leer ni escribir, y que las había engañado el novio, de que venían a un trabajo serio, que redituaba dinero, pero siguiendo las informaciones de la tía, ellas vivían de noche y de día dormían, pero a la noche llegaba su apogeo, a las doce horas, porque bailaban, bebían y conseguían a sus clientes ahí mismo. Para ser concluyente con su información, la tía contaba que salían a la calle en parejas, una, dos o tres mujeres, y se  presentaban al municipio después de haber estado en el sector salud, para que se les firmaran sus tarjetas y pudieran ejercer eso que llamaban su profesión.
La tía decía que todas eran jóvenes, hermosas, algunas muy vulgares y otras distinguidas, y ahí llegaban los galanes, que siempre eran importantes, con cargos en al policía, en el gobierno, en las actividades económicas, dueños de negocios en la ciudad, o riquillos de pueblo.
Y se armaban las bacanales, que no dejaban dormir a los vecinos del barrio, aunque más bien ya se habían acostumbrado a esos desenfrenos. Me da risa ahora recordar, que la tía decía: “anoche estuvo el recaudador de rentas, en el salón, con las muchachas, todas se lo pelearon, y hasta hicieron una rifa, para ver a quién le tocaba”.
Se supo que hubo personas, en casos muy contados, que las quitaron de ese vida, para convertirlas en sus parejas, y como se dice que  Dios castiga más el escándalo que le pecado, ahí se armaba Troya, porque tanto él como ella quedaban excluidos para siempre  de las relaciones sociales normales. Hubo un escritor muy conocido en Oaxaca, de origen español, que frecuentaba el sitio, y quiso salvar a una de estas mujeres, sacándola de ahí, poniéndole una casita, sin resultado feliz, por los muchos factores que rodean estos casos.
La música que se usaba en ese lugar era de discos grabados, usando tornamesa. Sólo en las grandes fiestas había música viva, entonces los clientes pagaban el pato, porque les cobraban doble entrada. Años más tarde, siendo ya periodista, visité con mi amiga Zita González Finol un área ubicada en las calles de Trujano, a la que llamaban El Pañuelito, que eran sitios de verdadera explotación, pues según las investigaciones que logramos de viva voz con esa señoras, fue que un cuarto costaba más que le hotel Marqués del Valle, porque la explotación siempre ha tenido en este ramo, una desenfrenada presencia. En esa ocasión encontramos a una señora, que tenía una niña de seis años, y que siempre le llevaba pegada a sus faldas. El encargado de Salubridad en Oaxaca, el doctor Alberto Castellanos, le dijo “¿qué haces con la niña cuando te ocupas?”, “aquí está conmigo”, dijo. Ante esa respuesta, entramos en apuros, buscando solución para apartar a la niña de ese ambiente, y precisamente visité a la administradora del restaurante del Marqués del Valle, para buscar entre familias quién podría hacerse cargo de esa criatura de seis años. Salió una persona espontánea, que se comprometía a tenerla consigo, mandarla a la escuela, costearle su ropa, y dar oportunidad a la madre que la viera cuantas veces le fuera posible. Esto no ocurrió ya que la madre de la niña se opuso rotundamente, figurándose erróneamente que lo que se pretendía era quitársela en forma definitiva. Abandonamos el caso, y las cosas quedaron igual, la pequeña vivía en un ambiente malsano, que se proyectaría en ella toda su vida.
Pasaron los años, y cuando fue presidente municipal el licenciado Ildefonso Zorrila Cuevas, intentó hacer unas mesas de trabajo con el tema de la prostitución, con el fin de establecer oficialmente la zona de tolerancia, en las que participarían esas mujeres de la vida galante, porque él pretendía escuchar sus vivencias, oír sus opiniones, teniendo así un campo seguro para un proyecto, que como presidente había ideado. Tampoco fue posible esto, no conozco las causas, pero ahí quedó todo.
Nadie en épocas posteriores intentó algo parecido, como que el tema estaba excluido por razones de tabúes.
La prostitución alcanzó otras metas en tiempos postreros, abriéndose el cabaret La Costa Brava por esos años cincuentas, esto lo anunciaban muy modernamente, porque tenían shows a los que daban publicidad, llevando al periódico Oaxaca Gráfico retratos de las encueratrices que presentaban a su clientela, de las que yo me permitía hacer una cierta crítica, y porque las anunciaban como jóvenes, y las de las fotos podrían ser sus madres.  Nació por la rivera del Atoyac, por donde estaba la fábrica de triplay, otro cabret, lo seguiremos llamando así, pero era un prostíbulo con estructura moderna, el que tenía entre sus luminarias a una tal Violeta, nombre o apodo, no sabemos, pero que era la estrella del lugar, o más bien, de la preferencia de los clientes.
Recuerdo que Benito García, el periodista, nos comentaba que había en esta capital muchas casas de citas, a las que asistían de día, mujeres que en otras circunstancias, ejercerían la prostitución clandestinamente

Desaparecieron los prostíbulos aquí mencionados, no recuerdo en qué fechas exactamente, pero en los años ochentas, ya no quedaba ni el recuerdo.