Seres pasmosos y bichos mitológicos

Por: Prometeo A. Sánchez Islas


Lo que se nos presenta como extraordinariamente diferente al hombre “normal”, fascina desde el origen de los tiempos a la humanidad. Las ubicaciones antinaturales de los elementos del cuerpo humano, así como su tamaño y función, compiten con los animales antropomórficos y con las bestias míticas que combinan porciones de animales reales o imaginarios, casi siempre como alegorías de la moral de cada época.

Por Prometeo Alejandro Sánchez Islas*

Muchos lectores seguramente visitaron alguna feria en la que se veía a la mujer-tarántula o a la mujer-serpiente, de quien se escuchaba directamente la amarga explicación de que su situación era debida a la desobediencia con sus padres o a sus pecados… eran la encarnación visible del “castigo divino”, según se entendía en nuestra sociedad “provinciana”. Los niños solían tener miedo y los adultos curiosidad, pues ellas y otros seres similares realmente estaban ahí, a la vista de todos, contestando a las preguntas mientras hacían muecas teatrales.
Tales ferias aún existen y la gente sigue pagando ante la fascinación que ejercen esos seres sobrenaturales entre quienes coexisten: la mujer barbuda, el jinete sin cabeza, el enano más chico y perfecto del mundo, las siamesas danzarinas (dos cabezas independientes o dos cuerpos unidos desde su nacimiento), los niños-lobo (cubiertos totalmente de pelo) y muchas rarezas que la naturaleza ha enviado a este mundo para diversión y asombro, así como para servir de admonición moral a los transeúntes.
Los circos del mundo se han esmerado, desde sus lejanos orígenes, por presentar algunos de esos ejemplares, en convivencia con otros asuntos asombrosos como las acrobacias, la domesticación de animales exóticos, el manejo del fuego, el contorsionismo, el ilusionismo y muchos igualmente extraordinarios.
De entre tantos temas “anómalos”, hoy traeré a colación los relacionados con algunos animales míticos y con seres humanos totalmente fuera de serie por sus malformaciones físicas o genéticas, muchos de los cuales fueron explotadas durante los últimos dos siglos en los circos norteamericanos bajo el concepto de “freak shows” o “circos de monstruos” o “espectáculos de fenómenos”.
De muchos de esos “fenómenos” existen fotografías, películas o estudios forenses que avalan su existencia. Algunos se presentaron por su propia cuenta, recaudando dinero por dejarse observar mientras deambulaban por el mundo, hasta lograr cierta independencia económica. Fue el caso del “hombre elefante” (con grave elefantiasis), el que tuvo los testículos más grandes que sus piernas, el “hombre-mitad” que carecía de medio torso y piernas, y el de la “mujer-pato” que era una enana deforme de la cintura hacia abajo, con los pies palmeados, pero muy normal y atractiva de su parte superior.
Pero de innúmeros otros no quedan sino los relatos heredados de los tiempos idos, procedentes de viajeros, aventureros, historiadores, magos y religiosos; sus añejas historias han servido de inspiración, a lo largo de los siglos, para dibujos, pinturas, esculturas, gárgolas y películas. Muchos de ellos son seres míticos con una interesante carga simbólica y moral, otros son producto de la re-interpretación de seres que realmente actuaron sobre la faz de la tierra, y algunos más provienen únicamente del imaginario colectivo.
Entre las fuentes de información más solicitadas se encuentra El libro del millón (o de las maravillas) de Marco Polo, en el que cuenta lo que vio a lo largo de la Ruta de la Seda a finales en el siglo XIII. Entre sus descripciones aparecen los “unicornios”, seres gordos, torpes, grises y de cuerno corto y liso, en referencia a los rinocerontes, que eran desconocidos físicamente en Europa, donde, como sabemos, eran muy apreciados en su sentido místico y que eran imaginados de otra forma, con un aspecto de esbeltez, blancura y liviandad etéreas.
También ocuparon la mentalidad de la Edad Media, las historias sobre el reino del Preste Juan, un sitio mítico equiparado con el jardín de El Edén, en el que habitaban seres increíbles y fabulosos, en donde no había enfermedades ni maldad y en sus alturas se hallaba la fuente de la eterna juventud.
Por su parte, el militar y naturalista romano Plinio el Viejo, concentró todo el saber romano de su época en una enciclopedia en la que lo mismo aparecen meticulosas descripciones científicas de la flora, fauna, geología y medicina, como numerosos pasajes muy imaginativos, entre los que cabe la creencia de que el avestruz representa el paso de las aves hacia los mamíferos.
De la misma época es el libro Historia de Alejandro de Macedonia, escrito por Quinto Curcio Rufo, en el que relata las campañas de Alejandro Magno, con anécdotas que van desde la del “nudo gordiano” hasta los encuentros con criaturas increíbles. Este autor no narra en primera persona ya que vivió tres siglos después de lo que relata, sino que toma de Calístenes de Olinto, de Aristóteles y de las fábulas de Esopo, material para decorar la saga de aquel héroe.
A continuación enumero algunos de los seres legendarios, los cuales, con sustento racional o sin él, han enriquecido la literatura fantástica.

Faunos.- Hombres lascivos con medio cuerpo de macho cabrío, cuernitos y nariz aguileña. En su versión griega de “sátiros” ostentaban una erección perpetua.
Blemmes.- Humanos que carecen de cabeza, pero cuyos ojos, nariz y boca están en el torso, repartidos entre los hombros y el esternón.
Acéfalos.- Tampoco tienen cabeza, los ojos se ubican en los hombros y tanto la nariz como la boca son simples agujeros.
Minotauro.-  Cuerpo de hombre y cabeza de toro. Nació de un enrevesado complot entre dioses del Olimpo griego. Se alimentaba de carne humana y crecía constantemente en tamaño y ferocidad.
Andróginos.- Seres de la creación primitiva, con dos “frentes”. Según Platón, aunque estaban formados por un solo cuerpo, poseían genitales femeninos y masculinos, según el lado del que se mirasen. Al ser separados, formaron a los hombres y a las mujeres, y esa es la razón por la que entre ellos se buscan, pues antes integraban una unidad.
Artabantes de Etiopía.- Seres humanos que se comportan como las ovejas: sumisos, pacíficos y domesticables.
Astomates.- Como boca tienen únicamente un orificio en el que insertan una pajilla para sorber alimentos minúsculos o líquidos.
Astomores.- Estos personajes nacen sin boca, así que se alimentan sólo de olores.
Bicéfalos y tricéfalos.- Tienen dos o tres cabezas. También los hay con más, como el dragón del Apocalipsis que tiene siete.
Centauros.- Criaturas que fusionan cuerpo de caballo con torso, brazos y cabeza humana. Representan la fuerza bruta o el comportamiento incivilizado. En femenino se llaman centáurides.
Unicornios.- Caballos blancos con patas de antílope, barba de chivo y cuerno de narval en su frente. Se les menciona en el Génesis de la Biblia. Son una representación medieval de la pureza femenina.
Quimera.- Monstruo griego con cuerpo de cabra, trasero de dragón y cabeza de león. Ciertas tradiciones dicen que tenía tres cabezas: de león, de cabra y de dragón. Vomitaba fuego por una de las cabezas y por el ano.
Cíclopes.- Gigantes con un solo ojo. Fuertes y hábiles artesanos, especialmente para las armas. Descendientes de la diosa Gea, les caracteriza un rudo temperamento.
Cinocéfalos.- Hombres y mujeres con cabeza de perro. En Egipto antiguo hubo un babuino sagrado con cabeza de perro. Los cristianos primitivos decían que, arrepentido de sus malas acciones, Cynocephalus aceptó el bautismo y se convirtió en San Cristobal, ayudando al niño Jesús y a quienes se lo pidieran.
Grifones.- Medio cuerpo de águila y medio cuerpo de león. Custodiaban a la diosa sumeria “de la vida” Ningizzida, quien luce representada en el arte como un par de serpientes enlazadas, que son la inspiración del caduceo de la medicina.
Poncios.- Tienen las piernas rectas, sin rodillas, terminadas en pezuñas y el falo emerge del pecho.
Labios grandes.- Personas con el labio inferior tan enorme, que les permite cubrirse con él toda la cabeza para protegerse del sol o para dormir.
Leucrococa.- Combinación de diversos animales. El cuerpo comienza siendo de león incluyendo los muslos, la parte media de burro y la cola de ciervo; tiene cascos de caballo, un cuerno bifurcado, y boca que va realmente de oreja a oreja con un solo hueso largo que hace las veces de diente; su voz es profunda y se parece a la humana.
Manticora.- Ser con cuerpo de león y cola de escorpión; su tez es color rojo sangre, sus ojos azules, en la boca ostenta tres hileras de dientes y emite silbidos como las serpientes.
Panozo.- Sus orejas son tan grandes que caen a los lados hasta las rodillas.
Fitos.- Tienen cuellos y pies larguísimos; sus brazos tienen forma de sierra.
Pigmeos.- Los aventureros decían que estos seres de “tres palmos de altura” que vivían en el centro de África, entablaban batallas constantes contra las grullas, vivían sólo siete años y gestaban bebés en sólo seis meses.
Esciápodos.- Individuos que tienen una sola pierna con la que son capaces de correr velozmente y cuya planta es tan ancha que les sirve para hacer sombra cuando se cansan y la levantan sobre ellos.

Ciertos textos también mencionan serpientes que caminaban erguidas sobre pies humanos, con cresta en la cabeza y una boca permanentemente abierta de la que goteaba veneno. También aparecen ratones del tamaño de un perro mediano, que debían ser capturados por mastines, puesto que a los gatos se les hacía imposible cazarlos.
En otras listas se nombran a diversas mujeres extraordinarias que pueden tener dientes de jabalí, o cabellos en todo el cuerpo, o cola de vaca, así como toda suerte de combinaciones zoológicas. Igualmente nos enteramos de hombres fuera de lo común, como los que caminan habitualmente con las manos, cabeza abajo; los que marchan hábilmente sólo sobre sus rodillas y en cada pie muestran ocho dedos; los que tienen dos ojos adelante y dos detrás; y otros que poseen los testículos tan grandes que alcanzan sus rodillas.
Para cerrar esta parcial enumeración, recordaré a los inventados por Diego Rivera, entre los que destacan las “arañas de la costa grande de Guerrero”, que eran del tamaño de los bueyes y por eso se les ayuntaba para jalar las carretas, y los quiquirimiaus, especie mezclada de gallo y gato.

De estos y muchos seres que ya son legendarios, están saturadas las iglesias románicas y góticas, así como las novelas y las películas de fantasía o de terror. La modernidad y la ciencia no impiden que la imaginación se desboque y que en la mente de los nuevos creadores se mezcle la realidad con la ficción, tanto para asustar o asombrar, como para divertir o deducir moralejas.
Desde siempre, esos y otros entes hay atraído a la humanidad, sea por curiosidad natural o por puro morbo. Ante ello, no resulta significativo afirmar si realmente existieron o no, sino la inextinguible sensación de fascinación que han ejercido sobre cada sociedad.
Los más célebres presentadores de “rarezas” contemporáneas fueron Phineas Taylor Barnum, fundador del Barnum Circus en el siglo XIX y el mundialmente famoso antropólogo y caricaturista Robert Ripley, quien coleccionó “singularidades” de todo el mundo y creó la pegajosa frase “aunque usted no lo crea”.

 

(*) Miembro del Seminario de Cultura Mexicana