Nervo

Por: R.A.


El 24 de mayo de 1919 murió Amado Nervo en el “Parque Hotel” de Montevideo, ciudad capital de Uruguay. Nacido en 1870 en Tepic, Nayarit, estudió sus primeras letras en el Colegio de San Luis Gonzaga y a los 16 años ingresó al seminario de Zamora, Guanajuato, para cursar filosofía y leyes. Abandona el seminario y se traslada a Mazatlán donde trabaja como pasante en un despacho de abogados y comienza a escribir para el periódico “El Correo de la Tarde” de esa ciudad.
Es el primero en practicar el “periodismo rosa”, escribiendo crónicas de sociales en ese diario y en otros de la ciudad mazateca. En 1895 se traslada a la Ciudad de México donde se da a conocer publicando en periódicos y revistas como “Azul” de Gutiérrez Nájera. Convive con otros poetas como Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, Enrique González Martínez, José Juan Tablada y Efrén Rebolledo, todos ellos inscritos en el grupo modernista.
Amado Nervo es el poeta central del modernismo mexicano, entre el afán renovador de Gutiérrez Nájera y la plenitud de Ramón López Velarde. Cabe aclarar que, según los estudiosos del tema, no hay modernismo sino modernismos; los de cada poeta importante que escriba en lengua española entre 1880 y 1910. Los poetas modernistas son distintos entre sí y adaptan a su propia circunstancia, lecciones aprendidas en otras lecturas.
Por su métrica y su vocabulario es fácil reconocer un poema modernista e incluso decir si es un texto que se escribió antes o después del movimiento. Así, Nervo pasa por  una inicial etapa romántica en “Mañana del poeta” y “Perlas negras”. Entre “Místicas” (1898) y “ Los jardines interiores” (1905) podemos leer al mejor Nervo, que aparece obsesionado con el ritual católico, el asco a la vida y el temor a la muerte.
Nervo llamó la atención al publicar su primera novela. Desde 1895 “El bachiller”, la historia de un hombre que se emascula para renunciar al matrimonio y permanecer en el seminario. La siguió “Pascualillo”, donde el protagonista es violado por la mujer que lo crió desde los dos años.
En 1900, El Imparcial (diario de la capital del país), lo envía a París para que realice la crónica de la Exposición Universal y que aprovecha para hacer amistad con Rubén Darío y viajar por otros países europeos. Los poetas, en este tiempo, eran vistos como los hombres de cultura capaces de guiar al mundo de acuerdo con lo propuesto por Platón en “La República”.
Regresa al país en 1918, después de trece años de ausencia. Es recibido con cierta resistencia por los “Contemporáneos”, que comenzaban a publicar y darse a conocer. Pero los integrantes de los modernistas manifestaron su admiración y apoyo. Carlos Pellicer rinde un homenaje a Nervo en la Escuela Nacional Preparatoria, leyendo emotivas páginas que luego fueron publicadas en la revista “San – Ev – Ank (1918) donde dice: “la obra de Nervo es ya una obra completa y lógica, de bella sabiduría y de honda sinceridad. Siento ya la influencia de sus últimos libros en ciertos poetas jóvenes de Sudamérica. Será una influencia benéfica como la de Chocano. Poetas disímbolos ambos, cuyo conocimiento conviene ampliamente a nosotros los jóvenes”.
El gobierno de Venustiano Carranza envía a Nervo a países sudamericanos: Argentina y Uruguay, buscando con su figura admiración en muchos países latinos,  aliados en América, que hagan frente a la influencia norteamericana. Este viaje fue largo y cansado, con graves consecuencias a la salud de Nervo atacado de  un mal renal. El 16 de mayo, llega a Montevideo y esa misma noche declama en el Ateneo, un edificio notable en el centro de la ciudad, ante un público ávido de escucharlo. Nervo se presenta como un “embajador del corazón” y se dirige a las mujeres asegurándoles que sus versos de amor nacían y terminaban en ellas. Luego, “con voz de limpidez extraordinaria, sin asperezas, con acento espiritualizado y sereno, dejó oir sus mejores poemas. Sus ademanes concretos y suaves acompañaban la dicción como una misma cosa (acta del Ateneo). Fue su último recital poético.
Recluido en su habitación del Parque Hotel, la tarde del 23 de mayo, los médicos tratan de dilatar su muerte ya inminente. Nervo pide que abran las ventanas para que entre la luz pues no quiere morir sin ver el Sol. Su deseo no puede ser satisfecho pues muere de noche. La mañana del 24, el cuerpo de Nervo fue trasladado del hotel al cementerio principal de Montevideo para preparar el cuerpo que recibió su funeral al día siguiente. Una gran multitud acompañó al féretro, del panteón al edificio de la Universidad de la República, donde personalidades uruguayas le tributaron luctuosos homenaje.
Días después, el buque “Uruguay” transportó el cadáver de Nervo, acompañado por una guardia de honor de 33 cadetes y un buque argentino, zarparon del puerto de Montevideo y tardaron seis meses en llegar a México. Cuenta la leyenda que en cada puerto americano que tocó el “Uruguay”, se le tributaron homenajes (Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba) y se unió un barco más, originario del país visitado, por lo que al llegar a México acompañaban a Nervo una cauda de naves que representaban a los países latinoamericanos. Después de casi seis meses, sus restos arribaron a la ciudad de México y fueron inhumados en la Rotonda de los Hombres Ilustres el 14 de noviembre de 1919.
En la actualidad, Nervo es considerado  como un poeta menor, tal vez un poco cursi y sentimental. José Joaquín Blanco (1983) dice: “ el éxito nacional e internacional de Amado Nervo (1870 - 1919), se debe a un fenómeno comparable al actual de los locutores de radio y televisión: su carácter de divulgadores de la alta cultura en recetas vulgares. Escribió de todo: misticismo español, notas indostanas, teosofía, semblanzas históricas y mitológicas, oraciones cristianas, confesiones sentimentales incapaces de enrojecer a una monja. Supo poner a la altura del público ignorante, los lugares comunes de la cultura, se manejó muy bien en sus relaciones públicas, se aureoló de un amor apasionado y, por supuesto, inmóvil, así como de una religiosidad que pretendía, le daba prestigio  teresiano. Todo lo que toca se vuelve lugar común, de modo que el público se siente fácilmente tan culto y lúcido como él o más. Su prestigio fue el sueldo pagado por el público por el servicio de poner a su alcance conceptos y pasiones devaluados”.
En cambio, Juan Villoro comenta: “Nervo es un escritor popular y un renovador de múltiples formas. Entenderlo significa comprender a alguien que transformó la sensibilidad mexicana  a través de su poesía, que se interesó en muchos órdenes de lo cultural y conectó con la sensibilidad popular. Sus novelas breves son de alto contenido erótico. Ese Nervo transgresor,  vanguardista, está por descubrirse, porque para mí, era el poeta un tanto cursi que le gustaba a mi abuela y esto oscureció la faceta del escritor insólitamente transgresor que ella nunca leyó y que me estaba destinado”
Este   24 de mayo (2019) se conmemoró el centenario luctuoso del poeta mexicano, con una ceremonia cívica en la Rotonda de las Personas Ilustres. (antes de los hombres ilustres). El acto, organizado por los gobiernos de la ciudad de México y de Nayarit, consistió en un programa en el que prevalecieron la música y la poesía, grandes pasiones de Nervo. También se escenificó la obra “Amado Nervo, cien años después” de Queta Navagómez. Pedro Sosa Álvarez del gobierno capitalino, hizo una semblanza del homenajeado y recordó que Nervo pertenece a Nayarit, su casa,  y también a la casa mexicana y latinoamericana, donde se preserva la identidad, la cultura y la unidad en la diferencia.
El mismo Nervo dice: “mi trayectoria no tiene tanto que ver conmigo sino con la sinceridad de mi vida. He asumido un discurso franco y espontáneo”. Y, tal vez, el mejor comentario que podemos agregar a esta nota recordatoria, sean los versos que epilogan su vida: “porque veo al fin de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino… amé, fui amado, el Sol acarició mi faz. ¡vida nada me debes! ¡vida estamos en paz!.

RA 19 (mayo 2019)